La Central Termoeléctrica de Itabo es una de las infraestructuras energéticas más antiguas y relevantes de la República Dominicana. Su gerente general Edwin de los Santos la describe como “una generadora base esencial del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI), brindando al país energía continua y estable durante más de cuatro décadas”.
Creada en 1999 como resultado del proceso de reforma y capitalización de la antigua Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), Itabo cuenta hoy con una capacidad instalada de 260 megavatios. Sus dos unidades generan energía a partir de la combustión de carbón mineral, con dos derivados del petróleo -el fuel 6 y el fuel 2- como combustibles secundarios. Ubicada dos kilómetros al oeste del puerto de Haina y a unos 18 kilómetros de Santo Domingo, dispone además de un puerto internacional donde descarga el carbón que importa principalmente desde Estados Unidos y Colombia. En 2024 aportó cerca de 7% de la energía del sistema eléctrico dominicano y se consolidó entre las tres principales generadoras del país.
Desde su creación, el Estado dominicano ha conservado una participación accionaria del 49.97%. El restante 50.03% había sido propiedad desde 1999 del gigante energético estadounidense The AES Corporation a través de AES Dominicana, una subsidiaria legalmente constituida y registrada en República Dominicana.
Tras dos décadas de propiedad, en junio de 2020, AES Corporation anunció la venta de su participación en la central como parte de su estrategia global de transición energética hacia fuentes más limpias. “La venta de Itabo nos permitirá seguir descarbonizando nuestra cartera”, dijo su presidente global Andrés Gluski. Según la empresa, esa transacción y otra en India les permitieron reducir la generación al carbón al 34% de su portafolio, en línea con su meta de llegar al 30% para ese año y al 10% al final de esta década.
Hay, sin embargo, una contradicción en esa narrativa de AES: pese a haber vendido la termoeléctrica para descarbonizar su cartera, la empresa AES Dominicana -en la que AES Corporation aún tenía 65% de acciones a diciembre de 2025, según su informe anual de ese año– firmó un contrato de gestión para operar la planta. Es decir, la planta salió de su planilla de inversiones, pero la empresa energética la siguió administrando para un tercero.

El comprador fue un grupo empresarial dominicano que ha sido socio de negocios de AES desde hace más de una década. Grupo Linda, que adquirió la participación de AES en Itabo por US$88 millones a través de su filial dominicana Inversiones Radiante S.R.L., una sociedad de responsabilidad limitada que funciona como vehículo corporativo para la gestión de inversiones estratégicas de ese conglomerado. Tras la venta, AES Dominicana continuó al frente de la operación y el mantenimiento de la central mediante un contrato de administración, según la empresa, “de igual forma que lo ha hecho en los últimos dos decenios”.
El hecho de que AES haya presentado la venta como parte de su estrategia global para reducir su exposición al carbón al mismo tiempo que permanecía al frente de la operación y el mantenimiento de Itabo abre interrogantes sobre el alcance real de la descarbonización anunciada por la empresa energética.
Estos son los hallazgos más importantes de este reportaje de Raíz Climática que hace parte de la investigación colaborativa y transfronteriza Las Ruinas del Carbón sobre el fin de la energía a base de carbón en América Latina, que lidera el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) y que reúne a doce medios.

AES en la República Dominicana
The AES Corporation, un conglomerado energético con sede en Arlington (Virginia) y operaciones en 14 países, es uno de los mayores productores privados de electricidad y una de las 500 mayores empresas del mundo.
Llegó a República Dominicana en 1997 y pronto fue un actor privado influyente en el mercado energético nacional. Ocurrió en medio del proceso de privatización y transformación del sistema eléctrico dominicano cuando, a finales de la década de 1990 e inicios de los 2000, el gobierno impulsó reformas para reducir el déficit energético y atraer inversión extranjera al sector eléctrico. Si bien llegó en un contexto de crisis eléctrica recurrente, apagones masivos y una fuerte dependencia del petróleo importado para generación, AES terminó posicionándose como un actor clave en la transición del sistema eléctrico dominicano hacia el gas natural.
Durante casi tres décadas, su subsidiaria AES Dominicana consolidó un portafolio energético amplio, que integraba generación térmica, infraestructura de gas natural, terminales de gas natural licuado (GNL), almacenamiento energético y, ya más en línea con la transición energética, proyectos de energía solar. Entre sus principales proyectos hoy está el complejo AES Andrés en Boca Chica, considerado una infraestructura energética sobresaliente del Caribe con su termoeléctrica a base de gas natural licuado (GNL) y su terminal de regasificación.
En los años posteriores, AES apostó en República Dominicana por la transición energética, materializada en la expansión de un portafolio renovable que supera el gigavatio de capacidad en desarrollo, construcción y operación, integrado por proyectos fotovoltaicos, parques eólicos y sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS), orientados a mejorar la estabilidad del sistema eléctrico y facilitar la integración de energías intermitentes.
Aún en ese panorama cambiante, un activo clave era la termoeléctrica a carbón Itabo I y II.
En 1999, un consorcio integrado por las empresas Gener S.A. y Coastal Itabo Ltd. ganó la licitación para adquirir la mitad de las acciones de Itabo. Al año siguiente, AES Corporation adquirió Gener S.A. y pasó a controlar el 25% de la termoeléctrica. Luego, en 2006, compró la participación de El Paso Corporation, propietaria de Coastal Itabo Ltd., con lo que consolidó el control de la totalidad del 50% privado de Itabo.
Su socio principal todo este tiempo ha sido el Estado dominicano, que tiene el 49.97% de las acciones desde 1997. Lo detenta a través del Fondo Patrimonial de las Empresas Reformadas (FONPER), la entidad pública que administra la participación del Estado en las empresas capitalizadas o reformadas (aunque el presidente Luis Abinader ha marcado como una prioridad su disolución, calificándolo como un nido de “corrupción y clientelismo” de administraciones pasadas).
El 0.03% pertenece, desde entonces, a los antiguos trabajadores de la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), desaparecida tras la reforma del sector eléctrico que separó las funciones de generación, transmisión y distribución.
Esa fue la composición accionaria hasta 2021, cuando AES vendió su participación al Grupo Linda como parte de su estrategia global de descarbonización.
La venta de US$88 millones

El anuncio llegó en diciembre de 2020: AES Corporation acordó vender la totalidad de sus acciones en Itabo al Grupo Linda, un gran conglomerado industrial y empresarial de la República Dominicana. Fundado hace más de medio siglo, abarca hoy inversiones en sectores como la agroindustria, la fabricación de envases, la industria eléctrica y los medios de comunicación.
El presidente global de la empresa estadounidense, Andrés Gluski, explicó la transacción diciendo que, “al vender esta instalación, AES está mejor posicionada para identificar, desarrollar e invertir en soluciones energéticas innovadoras y sostenibles que ayudarán a transformar aún más la matriz energética de la República Dominicana“.
La venta se cerró en abril de 2021 por un monto de US$88 millones, según los reportes financieros de la propia corporación.
Mediante el acuerdo de diciembre de 2020, AES Grand Dominicana -empresa aparte propiedad en un 85% de AES Corporation en ese entonces y mediante la cual poseía la mayoría de sus inversiones en República Dominicana- transferiría su participación en Coastal Itabo Ltd., la sociedad vehículo del grupo AES registrada en las Islas Caimán dueña del 50% de las acciones Clase B de EGE Itabo. Esas acciones quedarían a nombre de Inversiones Radiante S.R.L., una sociedad de inversión de Grupo Linda.
El 5 de febrero de 2021, la Superintendencia de Electricidad autorizó la transferencia accionaria vinculada a la concesionaria Empresa Generadora de Electricidad Itabo S.A.
La venta se cerró en agosto de 2021, en Santiago de los Caballeros. Estaban presentes el presidente del Grupo Linda, el ingeniero Félix M. García Castellanos; el de AES Dominicana, Edwin De los Santos, director de Itabo desde 2014, y varios directivos del Banco Popular Dominicano y del estatal Banco de Reservas de la República Dominicana. Por streaming se sumaron Andrés Gluski, presidente global de AES, y Juan Ignacio Rubiolo, su presidente regional para México, Centroamérica y el Caribe.
“Creemos en el presente y en el futuro del país y de la industria eléctrica dominicana, y confiamos en seguir creciendo junto a AES en este importante sector de la economía nacional, contribuyendo con la diversificación de la matriz de generación”, dijo Félix M. García Castellanos, cabeza del grupo comprador. Además, indicó que con este nuevo acuerdo se reafirma “nuestro compromiso de continuar fortaleciendo lazos con grupos locales en la búsqueda de soluciones de largo plazo que apunten al desarrollo e innovación en el sector energético dominicano”.
Tras la transacción, Itabo se describió como “la historia más exitosa de alianza público-privada dentro del sector eléctrico dominicano“.
La decisión de AES de salirse del carbón
En la venta de Itabo pesó un cambio notorio en la estrategia global de The AES Corporation. Desde al menos 2018, la multinacional venía anunciando un giro de su modelo de negocios hacia tecnologías de menor intensidad de carbono. En su primer ‘Informe sobre Escenarios Climáticos’, el presidente de la empresa señaló que “estamos realizando un cambio fundamental en nuestra cartera con el objetivo de reducir tanto nuestra intensidad de carbono como nuestra exposición al riesgo relacionado con el precio del carbono”. En ese documento, elaborado conforme a las recomendaciones del Task Force on Climate-Related Financial Disclosures (TCFD) que dirige el ex alcalde neoyorquino y filántropo climático Michael Bloomberg, la empresa también afirmó que estaba haciendo “esfuerzos por reducir nuestra dependencia de la generación a base de carbón y ampliar nuestra cartera de energías renovables”. Parte de su estrategia, explicó la empresa, consistía en la “desinversión” y retiro progresivo de una porción de su portafolio de generación térmica, anticipando el cambio que años después justificaría la venta de Itabo.
En su informe anual de 2021, publicado al tiempo que estaba vendiendo Itabo, AES enfatizó que “la próxima frontera en la construcción de un futuro sostenible es la energía libre de carbono 24/7: energía limpia disponible las 24 horas del día en cada red regional donde se consume electricidad”. Esa demanda, explicó, “se satisface de forma horaria con un portafolio de energías renovables y almacenamiento de energía”.
Luego, en 2023, como parte de su estrategia global de transición energética, AES Corporation anunció que impulsaría un programa para “alcanzar cero emisiones netas de carbono asociadas a la generación de electricidad para el año 2040 y emisiones netas cero en todas nuestras operaciones para 2050”.
La meta fue presentada por el equipo directivo de AES Corporation como parte de su estrategia climática global, alineada con estándares internacionales de sostenibilidad corporativa y con mecanismos de reporte como el Carbon Disclosure Project (CDP), una iniciativa internacional orientada a la transparencia en la divulgación de información climática corporativa. En sus propias palabras, AES “sigue siendo un líder en la industria en el desarrollo y operación de soluciones innovadoras que permiten la transición hacia fuentes de energía de bajas o cero emisiones de carbono” y veía “una enorme oportunidad derivada de la transformación, única en una generación, del sector eléctrico impulsada por la descarbonización, la electrificación y la digitalización”.
Ese compromiso coincidió con el giro de la política climática y energética de Estados Unidos bajo la administración de Joe Biden, representado en el Inflation Reduction Act que promovió el mayor paquete de descarbonización del país, en un contexto de presión regulatoria, financiera y reputacional sobre las empresas del sector energético, especialmente aquellas con exposición histórica a combustibles fósiles, como el carbón.
Como parte de ese compromiso, la compañía también estableció como meta inmediata “eliminar por completo el carbón de nuestra cartera para 2025”, mediante el cierre, venta o reconversión de centrales termoeléctricas, mientras aceleraba sus inversiones en energía solar, eólica y sistemas de almacenamiento. En todo caso, su presidente Andrés Gluski aclaró en una nota al pie de su carta a los inversionistas en el informe de sostenibilidad de 2023 que “AES podrá retrasar la salida de algunas plantas seleccionadas hasta 2027 para apoyar la confiabilidad continua del suministro eléctrico”.
En varios informes, AES advirtió que no descarbonizar podría traerle perjuicios a largo plazo. En su informe anual de 2022 señaló que “la percepción pública negativa sobre nuestras emisiones de gases de efecto invernadero podría afectar negativamente nuestras relaciones con terceros, nuestra capacidad para atraer clientes adicionales, nuestras oportunidades de desarrollo de negocios y nuestro acceso a financiamiento y seguros para nuestros activos de generación a carbón”. El informe de 2023 repitió esa idea.
En este proceso, AES concretó la venta de tres plantas termoeléctricas a carbón en América Latina. A mediados de 2020, vendió Itabo al Grupo Linda. Un año después, en julio de 2021, vendió la central de Guacolda -la más grande de Chile- a Guacolda Energía SpA, empresa propiedad de la gestora de activos chilena Capital Advisors. Pese a que la filial chilena de AES se había sumado al plan voluntario de cierre o reconversión de termoeléctricas a carbón que impulsó el gobierno chileno, los nuevos propietarios tenían otras ideas. Iniciaron un plan para reconvertir la central a una tecnología de co-combustión con amoníaco verde que, ayudado por una norma hecha a su medida, les permitiría seguir quemando carbón más allá de 2040, como cuenta este reportaje de Climate Tracker en el proyecto Las Ruinas del Carbón. Luego, en diciembre de 2024, vendió la central de Ventanas, también en Chile, a la empresa chilena Quintero Energía SpA.
Posterior a la venta de Itabo, AES subrayó en entrevistas públicas y en informes corporativos que había disminuido la dependencia del carbón de su portafolio de inversiones.
Por ejemplo, en 2019 informó que desde 2016 había retirado o vendido más de 6.5 GW de capacidad de carbón, diésel y petróleo; en 2021 dijo que su meta era llevar el carbón de su cartera a cero para finales de 2025; en 2022 reiteró su intención de salir del carbón mediante ventas, conversiones y retiros; y en su cuestionario del Carbon Disclosure Project (CDP) de 2024 vinculó la venta de su participación en una termoeléctrica en Vietnam con su objetivo de salir de la mayoría de sus activos de carbón antes de que terminara 2025.
“El motivo principal de la venta es que el negocio de AES ha cambiado a nivel mundial. Los mayores accionistas de AES tienen una visión más globalista y una visión de más energía renovable, por eso AES se ha ido moviendo más al tema de energía limpia. AES pasa de ser vendedor a ser suplidor de un servicio de operaciones en ese proceso de transición. De hecho, muchos empleados permanecieron bajo nóminas asociadas a AES durante años posteriores a la operación y recientemente comenzaron procesos de traslado hacia estructuras vinculadas al Grupo Linda”, explicó a Raíz Climática Otoniel Vélez, ingeniero eléctrico dominicano con amplia experiencia en el sector energético que trabajó durante más de una década en proyectos vinculados a AES Dominicana y hoy lo hace para AES en Estados Unidos.
De hecho, en su informe anual de 2024, AES advertía sobre el hecho de que “podríamos no ser capaces de vender los activos de generación a carbón a los precios previstos, la vida útil estimada de estos activos podría reducirse y su valor podría verse deteriorado”. También alertaba que “estas iniciativas también podrían resultar en el retiro anticipado de instalaciones de generación a carbón, lo que podría generar costos no recuperables si los reguladores no permiten la recuperación total de las inversiones”.

Pese a la venta, AES siguió operando Itabo
Aunque AES narró la venta de Itabo como pieza clave de la transición energética y de su salida del carbón, continuó operando la termoeléctrica en Haina. Menos visible en los comunicados públicos de parte de AES Dominicana sobre la transacción, la negociación incluía un acuerdo adicional que subrayaba que la energética estadounidense no se alejaría del todo del activo del que se estaba desprendiendo. Según anunciaron las dos empresas, “AES Dominicana continuará al frente de la operación y el mantenimiento de Itabo, de igual forma que lo ha hecho en los últimos dos decenios, bajo el liderazgo de Edwin De los Santos como gerente general y un equipo experto gerencial y de operaciones para la preservación de su rentabilidad”.
En palabras de la agencia de ratings Fitch, “continuará operando la planta de Itabo durante al menos tres años, con posibilidad de renovación automática, a cambio de una comisión de gestión”.
El presidente regional de AES, Juan Ignacio Rubiolo, indicó que “el fortalecimiento de esta alianza estratégica con el Grupo Linda es una muestra de la confianza depositada por este grupo local en AES como operador de clase mundial para continuar al frente de la generadora de electricidad Itabo, que ha mostrado resultados positivos durante estas dos últimas décadas”.
The AES Corporation mantenía a diciembre de 2025 una participación accionaria del 65% en AES Dominicana, la empresa que -según confirman los reportes corporativos más recientes de la compañía- continuó operando y manteniendo la termoeléctrica.
“Desde abril de 2021, AES Dominicana es responsable de la operación y mantenimiento de la planta bajo un contrato de administración”, dice el informe anual de la empresa dominicana de 2024. A junio de 2026, la página corporativa de la central señalaba que “a partir de abril de 2021 AES Dominicana mantiene la operación y el mantenimiento en Itabo bajo un contrato de administración”.
¿Cuánto ha recibido AES Corporation por la operación diaria de Itabo?Esta alianza periodística solicitó una entrevista a AES Dominicana desde el 8 de mayo de 2026, a través de sus canales de contacto institucionales, para conocer la naturaleza de la relación entre la termoeléctrica de Itabo y la empresa que continúa a cargo de su operación. Luego, el 23 de julio de 2026, Raíz Climática envió por correo electrónico a representantes de AES Dominicana un cuestionario de 11 preguntas, con preguntas sobre el contrato de operación y mantenimiento de Itabo, el período de vigencia de dicho acuerdo, los pagos hechos por estos servicios y el tratamiento de las emisiones asociadas a la planta. Al cierre de esta publicación, AES Dominicana no había respondido a la solicitud. (Ver el cuestionario completo aquí).
Grupo Linda, viejo socio de negocios energéticos de AES

La empresa compradora de Itabo, Grupo Linda, no era una desconocida para AES. De hecho, tienen una trayectoria de negocios conjuntos de más de una década.
En 2014 el conglomerado dominicano ingresó como accionista minoritario de AES Dominicana al comprar un 5% de las acciones, en un esquema en el que AES Corporation mantenía el control mayoritario de la empresa energética, según confirman comunicados oficiales de esa empresa.
Posteriormente, en 2017, Grupo Linda dobló su participación accionaria en AES Dominicana hasta un 10%. Luego, en septiembre de 2023, Linda adquirió un 5% adicional de AES Dominicana, además de un 20% de participación en el complejo energético AES Colón, en Panamá. Estas operaciones muestran que Grupo Linda era un socio minoritario importante para AES Corporation en el Caribe y Centroamérica.
Esa propiedad compartida de AES Dominicana se ha mantenido hasta épocas recientes. A junio de 2025, el 65% de las acciones pertenecía a AES Corporation y un 15% a Grupo Linda, según el informe financiero del tercer trimestre de 2025 de la empresa energética dominicana. El restante 20% correspondía, en partes iguales, al Grupo Estrella -uno de los mayores conglomerados de infraestructura y construcción del país- y un 5% a la Administradora de Fondos de Inversión Popular (AFI Popular), gestora de inversiones del conglomerado bancario Grupo Popular.
Más allá de la termoeléctrica de Itabo y de la energía a base de carbón, AES Dominicana ha sido el vehículo que les ha permitido a AES Corporation y a Grupo Linda otras inversiones conjuntas, incluyendo AES DR Renewables Holdings S.L. de energía solar.
La contradicción verde de AES

El hecho de que AES vendiese una termoeléctrica como parte de su estrategia de descarbonización y al mismo tiempo una filial suya resultara contratada por sus compradores para continuar operándola en el día a día abre preguntas sobre si esos objetivos de reducir la huella ambiental de la empresa energética se cumplieron. Especialistas consultados para esta investigación explican que este tipo de estructuras se ha vuelto cada vez más frecuente dentro del sector energético global. Aún así, “no es usual que empresas como AES le den el servicio de operación y mantenimiento a otros, pero ellos lo están haciendo (…) como la mejor manera que encontraron de salir del activo”, según dijo a Raíz Climática Dustral Vicioso, un ingeniero mecánico dominicano especializado en regulación del mercado eléctrico y análisis financiero de generación energética con más de 20 años de trayectoria en el sector.
Una pregunta clave es si una empresa puede reducir su exposición a activos basados en combustibles fósiles para mejorar sus indicadores climáticos, disminuir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y fortalecer su narrativa en indicadores de ambiente, desempeño social y gobernanza (ESG, por sus siglas del inglés Environmental, Social and Governance) que reporta a inversionistas, gobiernos y organismos multilaterales, al tiempo que mantiene contratos operativos, administrativos o financieros con generadoras de electricidad a base de carbón. En el fondo, además de la diferencia entre vender una planta y dejar de operarla, surge el debate de si -en caso de continuar administrando la central, manejando su personal técnico y recibiendo pagos por operación y mantenimiento- en la práctica, queda el conglomerado desvinculado de su responsabilidad ambiental.
Esta alianza periodística consultó a AES Dominicana, por correo electrónico, si tiene una fecha límite para dejar cualquier vínculo económico u operativo con activos de generación a carbón y si considera que existe alguna contradicción en el hecho de haber presentado la venta de Itabo como una medida de descarbonización de su portafolio y, al mismo tiempo, continuar operando la planta. También le preguntamos qué porcentaje de sus ingresos proviene actualmente de activos vinculados al carbón tras la venta de Itabo y si reporta emisiones asociadas únicamente a los activos que posee o también a aquellos que opera o administra.
A la fecha de publicación, la empresa no había respondido a la solicitud.
La lógica de esa transacción, explica Vicioso, es que “el activo que ellos compraron a AES incluyó toda la experiencia y todo el know how (conocimiento técnico) del personal que tenía AES”, pero al final “la responsabilidad por las emisiones recae sobre el dueño del activo”. Es decir, sobre Grupo Linda.
En términos ambientales y corporativos, diversos investigadores en gobernanza climática y mercados de carbono, así como organizaciones como el Carbon Tracker Initiative y el Climate Accountability Institute, han advertido sobre un fenómeno conocido como “descarbonización contable” o “carbon divestment”. Este fenómeno ha sido analizado en la literatura sobre transición energética y contabilidad climática por investigadores del Columbia Center on Sustainable Investment, quienes han señalado que “la venta de activos fósiles puede permitir a las empresas reducir las emisiones reportadas en sus balances corporativos sin que necesariamente disminuyan las emisiones reales asociadas a esas instalaciones”.
“Las ventas en realidad no están reduciendo las emisiones: únicamente las están transfiriendo a nuevos propietarios que podrían estar liberando incluso más gases dañinos para el clima. Aunque las compañías petroleras han afirmado que vender activos compensará las emisiones, con frecuencia solo las están transfiriendo a nuevos propietarios”, argumentó el banquero de inversión estadounidense Tom Sanzillo, exdirector del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA), en un artículo que analizaba transacciones de activos similares en el sector petrolero.
La Agencia Internacional de Energía (IEA) de Naciones Unidas hizo una advertencia similar en su hoja de ruta Net Zero by 2050, publicada en mayo de 2021. Allí subraya que alcanzar los objetivos climáticos requiere transformaciones estructurales en el sistema energético y no únicamente cambios financieros o de propiedad sobre activos fósiles. En ese sentido, alertó que “alcanzar el cero neto exigirá nada menos que una transformación completa de la forma en que producimos, transportamos y consumimos energía”, lo que implica que la transición energética no puede basarse exclusivamente en la reasignación de activos entre empresas. Asimismo, el organismo enfatizó que la reducción de emisiones exige acciones reales sobre la infraestructura existente, incluyendo el retiro progresivo del carbón y la reconversión de sistemas energéticos, y no solo su transferencia a nuevos propietarios.
En la actualización de 2023 de dicha hoja de ruta, el director ejecutivo de la agencia energética global, Fatih Birol, sostuvo que “la transición hacia la energía limpia está ocurriendo en todo el mundo y es imparable”, pero enfatizó que los compromisos corporativos deben traducirse en reducciones reales de emisiones y en una disminución efectiva de la dependencia de los combustibles fósiles. Bajo esa lógica, la continuidad operativa de una central a carbón tras un cambio de dueño plantea interrogantes sobre si la reducción de emisiones reportada por una empresa refleja una transformación material del sistema energético o simplemente una reorganización de activos dentro del mercado.
“Créame que nadie en su sano juicio se hubiese salido de esa central de carbón desde el punto de vista económico: es una vaca lechera cuando usted es el dueño. Ese movimiento estratégico realmente debilitó bastante a AES en el país porque Itabo era una de las divisiones más rentables mundialmente”, dice el ingeniero mecánico Dustral Vicioso. En últimas, dice, “la narrativa de la empresa está basada en los activos que ella controla”.
El giro en el lenguaje de AES
Sin embargo, tras concretarse la venta de Itabo y conforme se aproximaba la fecha establecida por la energética estadounidense para su salida del carbón, su compromiso comenzó a flaquear.
En los documentos públicos dirigidos a sus accionistas con motivo de las asambleas anuales de 2024 y 2025, disponibles en la plataforma de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), AES Corporation seguía presentando como un eje estratégico la salida del carbón. En esos informes la compañía afirmaba que buscaba “abandonar la generación a base de carbón para alcanzar nuestros objetivos de descarbonización”, al tiempo que describía su estrategia de transición energética como un proceso para “maximizar el valor de nuestro negocio de generación a gas y gas natural licuado y abandonar la generación a carbón”.
Un año después, en la documentación presentada a los accionistas de cara a la asamblea anual de 2026, esa formulación desapareció. En su lugar, la empresa pasó a describir un objetivo más amplio de “trabajar para reorientar nuestro portafolio hacia fuentes de generación de menor intensidad de carbono”, con énfasis en la energía eólica, solar y el almacenamiento. AES ya no mencionó el abandono del carbón como una meta explícita.
Este cambio de énfasis se produjo no sólo después del plazo autoimpuesto para la salida de la generación a base de carbón, sino también en un contexto internacional distinto. Ahora la coyuntura era la de la retirada de Estados Unidos del Acuerdo climático de París, la reducción de financiamiento para iniciativas climáticas globales y el giro en la política energética hacia una mayor apertura a los combustibles fósiles bajo la administración de Donald Trump.
Esta alianza periodística preguntó mediante correo electrónico a AES Dominicana por el cambio en el lenguaje de su matriz AES Corporation para describir sus compromisos de descarbonización y si continúa en firme su meta de salir del todo del carbón. La empresa no respondió.

BlackRock entra en escena
A inicios de marzo de 2026, AES Corporation informó que había llegado a un acuerdo para ser adquirida por un consorcio de inversionistas liderado por Global Infrastructure Partners (GIP), subsidiaria de BlackRock Inc. —el mayor gestor de activos del mundo— y la firma sueca EQT AB, junto con el fondo de pensiones públicas de California (CalPERS) y el fondo soberano de inversión de Qatar (QIA), en una operación valorada en aproximadamente 33.400 millones de dólares. La transacción aún se encuentra pendiente de aprobación regulatoria y de los accionistas. De concretarse a finales de 2026 o principios de 2027, AES dejaría de cotizar en la Bolsa de Nueva York y pasaría a ser una empresa privada.
BlackRock ha intentado posicionarse en años recientes como un actor financiero comprometido con la transición energética, que su presidente Larry Fink ha descrito a sus accionistas como “una fuerza gigantesca, una tendencia económica de gran importancia”. Además, la gestora de inversiones argumentó que los riesgos climáticos son riesgos financieros y que los mercados debían prepararse para una economía baja en carbono. Esa postura convirtió a Fink en una de las voces más visibles del movimiento de finanzas climáticas.
Sin embargo, al igual que ocurrió con AES, desde 2024 se puede observar un cambio en el discurso público de la compañía. En su carta anual de 2025, Fink eliminó prácticamente las referencias a sostenibilidad o cambio climático que habían caracterizado sus comunicaciones anteriores. Periodistas financieros como Andrew Ross Sorkin, quien ha documentado cómo grandes gestoras de activos han reorientado su narrativa hacia la estabilidad energética y la rentabilidad en medio de tensiones políticas y regulatorias en torno a las políticas climáticas, señalaron que el lenguaje climático desapareció en favor de mensajes centrados en infraestructura, seguridad energética, crecimiento económico y expansión de la producción energética. Fink incluso reconoció que el término ESG (políticas de responsabilidad ambiental, social y de gobernanza) se volvió politizado dentro del debate financiero y político global, lo que llevó a BlackRock a reducir su uso en comunicaciones públicas.
Ese cambio de narrativa ha sido subrayado por algunos de sus inversionistas institucionales. En junio de 2025, el Sierra Club Foundation —brazo financiero de una organización ambiental influyente y antigua de Estados Unidos— anunció la retirada de 10,5 millones de dólares de fondos administrados por BlackRock. Su argumento fue que la gestora ya no refleja el nivel de compromiso climático que había defendido en años anteriores.
Esta alianza periodística preguntó a BlackRock si seguiría operando la central de Itabo en República Dominicana y, si en caso de hacerlo, contaría las emisiones como propias. La empresa no había respondido a la fecha de publicación.
El carbón sigue en el centro del sistema
Mientras AES y BlackRock vienen hablando de transición energética, el carbón continúa ocupando un lugar central en el sistema eléctrico de la República Dominicana.
Aunque el país ha visto un crecimiento acelerado de la energía solar y eólica y duplicó su capacidad de generación de renovables desde 2020, continúa dependiendo de los combustibles fósiles.
Lideran las termoeléctricas a base de gas natural con 41% de la generación nacional, según datos del Organismo Coordinador del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (OC-SENI), recopilados por el Ministerio de Hacienda. En segundo lugar aparece el carbón, considerado por la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) como el combustible fósil más intensivo en emisiones de carbono, con un 28%. Luego aparecen las renovables (incluyendo solar y eólica, pero también hidroeléctrica y biomasa) con un 25% de la producción eléctrica nacional.
Hasta agosto de 2026, la termoeléctrica de Itabo no ha anunciado públicamente una fecha de cierre de sus unidades a carbón ni un plan formal de reconversión tecnológica hacia combustibles menos sucios. En sus informes corporativos recientes, la empresa destaca iniciativas de eficiencia operativa, sostenibilidad y responsabilidad social, pero no identifica una hoja de ruta específica para el retiro progresivo de la generación a base de carbón.
La continuidad del carbón como fuente de energía en Itabo, en la Central Térmica Barahona operada por la Empresa Generadora de Electricidad Haina (EGE Haina) y en Punta Catalina, propiedad del Estado dominicano, contrasta con los compromisos climáticos y las políticas públicas del sector energético trazadas por República Dominicana.
En su Contribución Nacional Determinada de 2025, el instrumento con el que los países fijan su hoja de ruta de reducción de emisiones a cinco años en el marco del acuerdo de París, el gobierno de la República Dominicana identificó cuatro sectores claves en los que reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero: el agropecuario y de uso de la tierra, la gestión de residuos, la industria, y el de energía y transporte. En ese último, planteó como meta “acelerar la transición hacia energías renovables, modernizar la movilidad urbana y reducir la dependencia de combustibles fósiles”.
A pesar de su énfasis en la energía limpia, no detalló un plan específico para la salida del carbón y subrayó que “se entiende que la intensidad de carbono del sistema eléctrico nacional interconectado (SENI) mantendrá niveles similares a los actuales”. Entre las medidas concretas que identificó están nuevas centrales termoeléctricas a gas natural, el aumento de energía de fuentes renovables, el mejoramiento del sistema de distribución eléctrica y la posibilidad de explorar la energía nuclear.
En su versión anterior con fecha 2020, había algunas referencias más concretas a la salida del carbón. Aunque no fijaba un plan concreto, esa hoja de ruta hablaba de que “el país podría incrementar (…) la reconversión o desplazamiento de 900MWp a gas natural en las plantas a base de fueloil No. 6 y las plantas más obsoletas a base de carbón mineral en la generación eléctrica del país”.
Estos objetivos son reforzados por al menos dos políticas públicas dominicanas: la Estrategia de Desarrollo con Bajas Emisiones a Largo Plazo, presentada ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y que plantea una trayectoria de descarbonización para alcanzar emisiones netas reducidas hacia mediados de siglo, y la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 que establece la sostenibilidad ambiental y la transformación del modelo energético como prioridades nacionales. Pero, igual que la NDC, ninguno de esos instrumentos fija una fecha concreta para el retiro o reconversión de las centrales de carbón que continúan operando en el país. Eso mantiene abierto el debate sobre cómo República Dominicana alcanzará sus metas climáticas mientras una parte importante de su generación eléctrica sigue dependiendo del carbón.
Cinco años después de la venta de Itabo de The AES Corporation a sus socios de Grupo Linda buscando alejarse definitivamente del carbón, la planta sigue quemándolo para generar energía y su operación sigue siendo ejecutada por la empresa en la que ambas son accionistas.
Las Ruinas del Carbón es un proyecto liderado por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) en alianza con Agencia Ocote (Guatemala), Baudó Agencia Pública (Colombia), Concolón (Panamá), Contracorriente (Honduras), La Nación (Argentina), Matinal (Brasil), N+ Focus (México), Raíz Climática (República Dominicana), Reportea (Chile), Climate Tracker América Latina y Mongabay Latam sobre la salida de la energía a base de carbón en América Latina. Revisión legal: El Veinte.




