
Francisco Chávez, productor de espectáculos mexicano, se asustó cuando empezó a adelgazar en 2022. Había perdido 56 kilos y su piel había empezado a tomar un color grisáceo. A este hombre de unos 50 años, que organizaba conciertos de Ricky Martin y J Balvin en Yucatán, le diagnosticaron un tumor renal canceroso. Se lo extirparon en el quirófano, pero el cáncer ya se había extendido a sus pulmones.
Sus médicos del hospital público Elvia Carrillo Puerto, en Mérida, le recetaron Keytruda, una prestigiosa droga que se ha convertido en la salvación de miles de enfermos de cáncer porque puede prolongar la vida de algunos pacientes por años o incluso curarlos por completo.
Producido por el gigante farmacéutico Merck & Co., el exitoso medicamento se utiliza para tratar más de una docena de tipos de cáncer, incluyendo ciertos tipos de pulmón y de mama. Pero muchas personas no pueden permitírselo por su precio.
Chávez accedió a Keytruda, pero en su cuarta dosis experimentó efectos secundarios dolorosos: temblores, parálisis y un aumento descontrolado del azúcar en la sangre.
Tomó fotos de cada caja de Keytruda que había tomado y presentó una queja ante las autoridades mexicanas. Exigió saber qué contenían esas dosis, así como ver las facturas relacionadas con la compra de Keytruda por parte del hospital público. También pidió al centro médico que revelara cuántos pacientes se habían visto afectados. Pero no recibió respuesta.
Chávez envió entonces la información a Merck. El personal de la compañía estadounidense se desplazó hasta el hospital para recoger el material sospechoso —tres muestras del producto con dos números de lote diferentes— y después de analizarlo en su laboratorio le comunicaron al paciente que “se identificaron ciertas irregularidades que no se corresponden con las características de los productos fabricados o distribuidos” por la empresa.
La carta, firmada por el jefe de productos para América Latina, decía que MSD (marca comercial de Merck fuera de Estados Unidos) había compartido sus hallazgos con la Fiscalía General de México. Pero todavía no se sabe cómo llegó el medicamento adulterado hasta el hospital. La investigación todavía está en curso.
Dos años después de que Chávez presentara sus denuncias, las autoridades sanitarias comunicaron públicamente una advertencia. “Estaba tranquilamente viendo la televisión en casa cuando se emitió una alerta sanitaria a nivel nacional en el canal de noticias, advirtiendo sobre el medicamento pembrolizumab, conocido como Keytruda”, dijo. No podía creerlo. El noticiero destacó varios números de lote falsos. Chávez tomó su teléfono y revisó las fotos que había tomado. “Resulta que cuando veo ese número de lote en la televisión, es el que yo recibí”, relató.
Chávez, que ahora tiene 56 años, dijo que su cáncer está “controlado”. Pero su vida cambió para siempre -aseguró- después de que la sustancia desconocida corriera por sus venas. Ahora sufre de dolor de espalda crónico y episodios repentinos e inexplicables de parálisis, lo que le impide trabajar y socava su seguridad financiera. “Ya no puedo moverme como solía hacerlo”, le dijo Univisión, socio del Consorcio Internacional de Investigación Periodística (ICIJ). “Antes, subía y bajaba del escenario para poner cosas en su lugar o armar el escenario, cargar cosas. Todo eso se acabó para mí ahora”.

La medicina del millón, una nueva investigación global realizada por el ICIJ y sus aliados, como el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), El Sol de México, Quinto Elemento (México), El País América y Univisión, entre otros, reveló que Merck ha explotado el sistema mundial de patentes, dando lugar a más de 1200 patentes en 53 países— muchas de las cuales refuerzan el dominio del medicamento mediante modificaciones menores, como las dosis o la frecuencia. Esto ha impedido de manera efectiva que los competidores de menor costo ingresen al mercado.
El costo de los tratamientos depende de cada paciente. A su vez, Merck fija los precios para cada mercado con criterios que no ha hecho público, por eso un tratamiento asciende a US$ 208.000 en Estados Unidos – donde se concentran el 60% de sus ventas, según el relevamiento del ICIJ-; pero puede bajar hasta US$ 130.000 en Colombia y US$ 65.000 en Sudáfrica, con el consiguiente impacto en los presupuestos públicos de salud, incluso en los países más desarrollados. En 2025, Keytruda representó casi la mitad de los 65.000 millones de dólares de ingresos de Merck, lo que lo convirtió en la mayor fuente de ingresos de la empresa. Y Merck ha trabajado sin descanso para que siga siendo así.
Los altos precios resultantes han contribuido a enormes disparidades en el acceso, dependiendo de dónde vivan los pacientes y cuánto estén dispuestos o puedan pagar ellos, sus gobiernos o sus aseguradoras de salud. Esta dinámica ha creado una brecha peligrosa: nuevas oportunidades para que los falsificadores lucren con la demanda de costosos medicamentos oncológicos.
ICIJ y sus aliados presentaron cientos de solicitudes de registros públicos, entrevistaron a investigadores y expertos, se acercaron a vendedores ilegales, y descubrieron que no solo los pacientes, sino también hay hospitales que están comprándoles a los falsificadores, sin saberlo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que, para 2050, las tasas de cáncer aumentarán a más de 35 millones de pacientes, lo que supone un incremento del 77 % respecto a 2022, y afectará de manera desproporcionada a la población de bajos ingresos. Se trata de las mismas personas que ya tienen el menor acceso a la atención médica básica.
Para los falsificadores son todas ventajas. “Probablemente les cuesta 10 dólares fabricarlo, cuando lo venden por 1500, 2000 o 4000 dólares”, dijo Kris Buckner, fundador de Investigative Consultants, una empresa de investigaciones privadas con sede en California que rastrea productos falsificados, incluidos los productos farmacéuticos. Además, si un paciente con cáncer fallece, es poco probable que alguien llegue a saber si murió de cáncer o por tomar un medicamento falso. “Es el crimen perfecto”.
Anthony Zook, vicepresidente adjunto de seguridad global de Merck, declaró a ICIJ en un correo electrónico que “los grupos criminales ahora se centran con mayor frecuencia en los medicamentos que salvan vidas”. Aun así, en una declaración al ICIJ, Merck defendió su política de precios. “Tenemos una larga trayectoria de fijar los precios de nuestros medicamentos de manera responsable para reflejar su valor para los pacientes, los pagadores y la sociedad”, dijo Johanna Herrmann, vicepresidenta sénior y directora de comunicaciones de Merck.
Una alternativa “racional”
Keytruda, cuya droga es el pembrolizumab, utiliza el sistema inmunológico del paciente como arma contra las células cancerosas. A diferencia de la quimioterapia, que se dirige a las células que se dividen rápidamente, este medicamento impide que el receptor PD-1 de las células inmunitarias se una a una proteína que puede impedir que el cuerpo identifique y ataque el cáncer.
“Ha supuesto un cambio revolucionario en la forma en que tratamos el cáncer, y los resultados de los pacientes han mejorado sustancialmente para muchos, muchos tipos de cáncer”, dijo Binay Shah, hematólogo y oncólogo que trabaja en Estados Unidos y cofundador de la Fundación Binaytara, una organización dedicada a mejorar el acceso a la atención médica.
Pero el éxito de Keytruda se ha producido en medio de lo que la OMS ha calificado como un aumento «alarmante» en el número de incidentes reportados de productos médicos de calidad inferior y falsificados en todo el mundo en los últimos años. Desde 2019, la organización ha registrado 36 informes de falsificaciones de Keytruda. Pero es probable que las cifras reflejen solo una fracción del problema, en parte porque es fácil pasar por alto las reacciones adversas a los medicamentos falsificados, especialmente en pacientes con cáncer.
Los medicamentos falsificados se distribuyen de varias maneras, según pudo reconstruir ICIJ. Los falsificadores, por ejemplo, pueden confabularse con empleados de hospitales o farmacias para robar envases auténticos, como los frascos de Keytruda, y rellenarlos con otras sustancias, según Europol, la agencia policial de la Unión Europea.
Los falsificadores pueden incluso falsificar los envases. Para un ojo inexperto, estos productos parecen auténticos, pero contienen ingredientes inventados o números de lote falsos —la combinación de letras y números que los fabricantes utilizan para identificar y rastrear los envíos. Estos productos se venden a menudo en plataformas de redes sociales, aplicaciones de mensajería como WhatsApp o mercados en línea donde los pacientes buscan alternativas más baratas. El portavoz de la OMS dijo que “volúmenes significativos” de estas imitaciones “podrían estar en circulación”.
La búsqueda de medicamentos asequibles puede llevar a las personas a farmacias que operan ilegalmente, o incluso a una tienda física dirigida por vendedores deshonestos o directamente a grupos del crimen organizado. En todos los casos, es posible que los peligros no sean evidentes de inmediato.
Una de esas tiendas se encuentra en El Santuario, un barrio en el corazón de Guadalajara, México. La calle principal —irónicamente llamada Hospital — está repleta de farmacias ilegales. En lugar de batas blancas, los hombres que se hacen pasar por farmacéuticos llevan sombreros de ala plana.
“¿Qué buscas, amigo?”, le preguntó uno de los farmacéuticos, un hombre corpulento con un tatuaje en forma de lágrima, a un reportero de El País, que visitó el barrio en diciembre.
“Keytruda”, respondió el reportero.
“¿Keytruda?”, le gritó a un colega dentro de la tienda.
“Dame un segundo”, dijo el colega. Buscó en su teléfono y encontró un vial de 100 miligramos en stock. Costaba 30.000 pesos mexicanos (casi 1700 dólares), aproximadamente un tercio del precio anunciado en línea por las farmacias en México. Comprar medicamentos en un entorno como este puede parecer arriesgado, pero para los pacientes con cáncer que no pueden comprar la droga real que les podría salvar la vida, a veces, es la única opción.
Un problema global

En México, los medicamentos falsificados son un problema generalizado debido a la escasez del sistema público de salud y la inserción del crimen organizado. El año pasado, el gobierno de Estados Unidos agregó a México a su lista de vigilancia prioritaria de ocho países que no han tomado las medidas necesarias contra quienes “roban propiedad intelectual”.
El caso de Chávez es uno de los cuatro identificados por el ICIJ y sus socios a los que se suministró Keytruda falsificado a hospitales de México. Al menos tres de esos ocurrieron en instituciones estatales. Zook, vicepresidente asociado de seguridad global de Merck, dijo que MSD ha presentado 20 denuncias penales relacionadas con Keytruda falsificado ante la Fiscalía General de la República.
En diciembre de 2021, el personal del Centro Médico Naval de la Ciudad de México identificó un frasco de Keytruda de aspecto sospechoso en un envío de Top Pharma SA de CV, una empresa con un historial de años en el suministro de medicamentos a hospitales públicos y farmacias. El hospital informó los números de lote a la autoridad sanitaria mexicana, conocida como Cofepris, que envió los frascos a MSD e inspeccionó la sede de Top Pharma, según un informe interno obtenido por ICIJ. Una vez que MSD confirmó que el contenido no era su fórmula patentada, la autoridad emitió la primera alerta del país sobre Keytruda falsificado a principios de 2022.
Desde entonces, México ha emitido cinco alertas más sobre Keytruda, la más reciente en marzo pasado.
ICIJ y sus aliados intentaron en varias ocasiones ponerse en contacto con Top Pharma. Como no se obtuvieron respuesta a las llamadas telefónicas, los correos electrónicos ni los mensajes de WhatsApp, un reportero visitó la dirección que figura en el sitio web de la empresa y solo encontró una pequeña farmacia sin ningún letrero. Un hombre que se encontraba dentro del local, quien dijo ser el encargado y trabajar para Top Pharma, se negó a responder preguntas.
En el informe de inspección del regulador figura como sede de la empresa una dirección diferente, a tres kilómetros de allí. Es un edificio sin ventanas que no tiene letrero ni logotipo y que está rodeado por una valla alta coronada con alambre de púas y es vigilado por cámaras de seguridad.

Tras el incidente del Centro Médico Naval, Top Pharma fue multada con más de 240.000 pesos mexicanos (unos 12.800 dólares). Sin embargo, ha seguido obteniendo contratos con el gobierno mexicano. Los registros públicos muestran que a Top Pharma se le han adjudicado 91 contratos por un valor de unos 42,8 millones de pesos mexicanos (unos 2,2 millones de dólares) entre 2021 y 2025. En respuesta a las preguntas enviadas por ICIJ, la oficina de relaciones públicas de la Armada dijo que Top Pharma pagó la multa y que legalmente puede seguir compitiendo por contratos.
Los medicamentos falsificados son un mal negocio para las empresas farmacéuticas. Para reducir estos riesgos, las empresas farmacéuticas trabajan con investigadores internos y externos para darles caza.
Andrés Díaz dirige una firma de investigaciones privadas, con sede en Washington —AIT Enforcement — que ha ayudado a Merck a localizar a falsificadores en América Latina. Las autoridades consultaron a Díaz como parte de una operación de 2024 en Guadalajara que condujo al arresto de «El Tacho», un hombre acusado de vender Keytruda falsificado y otros medicamentos. Durante la redada en la propiedad de El Tacho, las autoridades mexicanas encontraron 12.500 dosis de medicamentos falsificados, incluido Keytruda, según informó El Sol de México. Las autoridades calcularon que los medicamentos tenían un valor de mercado de más de 110 millones de pesos mexicanos (5,7 millones de dólares).
En múltiples entrevistas, los expertos dijeron al ICIJ que las empresas farmacéuticas y los responsables políticos deberían hacer más para abordar los problemas subyacentes que provocan que estas falsificaciones prosperen en primer lugar: el precio y la accesibilidad.
Las patentes clave de Keytruda estaban previstas para expirar en 2028, pero ICIJ descubrió que Merck ha seguido solicitando y obteniendo patentes adicionales para el medicamento más allá de su ingrediente activo, lo que podría dificultar la entrada de competidores en el mercado estadounidense durante otros 14 años. De esta manera, el laboratorio mantiene altos precios que significan simplemente la muerte para muchos pacientes.
Chávez todavía se siente atormentado por su experiencia, mientras trabaja para que su reclamo prospere. Ha recopilado información de personas empleadas en el hospital donde fue tratado mientras se prepara para presentar una demanda civil. Ahora cree que otros pacientes también recibieron medicamentos sospechosos que, en algunos casos, también les causaron reacciones adversas. Cuando periodistas de Univisión, aliado en esta investigación, visitaron el hospital en México y pidieron hablar con el director, el personal le cerró las puertas para bloquear el acceso.
Aunque planea solicitar una compensación económica, Chávez reclama mayor transparencia por parte del hospital. Ya tiene la demanda redactada y lista para presentar, pero -aseguró- no puede permitirse el costo de un abogado que lleve su caso.
Cuando se le preguntó sobre los altos precios de Keytruda fijados por Merck, Chávez reflexionó: “Ver cómo estás agotando a tu familia económica y físicamente, que ya no eres la misma persona en tu vida cotidiana y, sobre todo, que estás gastando una cantidad terrible de dinero, y encima de eso, [Merck] se está lucrando a tu costa, duele, duele mucho”.

“La medicina del millón” es una investigación liderada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) con la participación de 124 periodistas de 48 redacciones del mundo, entre ellos el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP). Este proyecto investigó durante un año cómo el laboratorio Merck, a través de distintas estrategias, mantuvo un alto precio del Keytruda, un medicamento para combatir el cáncer, lo que lo hizo inaccesible para miles de pacientes alrededor del mundo.



