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Cómo Merck convirtió su fármaco milagroso en un éxito de ventas… y dejó fuera del mercado a pacientes con cáncer de todo el mundo

El gigante farmacéutico ha construido una fortaleza de patentes, ha negociado en secreto y ha ejercido una presión implacable para proteger a Keytruda, su principal fuente de ingresos.

12/04/2026

Por: Sydney P. Freedberg y Brenda Medina (ICIJ)

Cancer Calculus — Overview (Chelsea Conrad-ICIJ)

Ilustración: Chelsea Conrad-ICIJ

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Apenas unos días antes de Navidad, los líderes de nueve empresas farmacéuticas se reunieron en la Casa Blanca. Los fotógrafos se agolparon para tomar fotos mientras los ejecutivos esperaban ansiosos al presidente Donald Trump. Todos los jefes de los laboratorios habían acordado reducir drásticamente los precios de sus medicamentos más vendidos. Apenas entró a la sala, Trump miró a los ejecutivos y les dijo: “Vaya, ¡qué equipo! Ustedes sí que ganan mucho dinero”.

Entre los ejecutivos estaba Robert Davis, presidente de Merck & Co, un gigante farmacéutico cuyo medicamento estrella, Keytruda, salva vidas en la lucha contra el cáncer, pero es inasequible para gran parte de los enfermos. Es uno de los tratamientos oncológicos más innovadores y costosos del mundo. Merck prometió que bajaría los precios de un remedio para la diabetes y una pastilla cardiovascular, pero no dijo nada sobre reducir el costo de Keytruda, que representa la mitad de sus ingresos.

Keytruda se transformó en un faro de esperanza para miles de enfermos oncológicos que aspiran a acceder al medicamento más caro del mundo para superar la enfermedad. Pero también suele transformarse en una gran desilusión, porque sus precios son prácticamente prohibitivos para gran parte de la humanidad.

La medicina del millón, una investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y sus aliados, entre ellos el CLIP, revela cómo una de las mayores empresas farmacéuticas del mundo empleó diversas tácticas para inflar el volumen de recetas y mantener el precio alto mediante actividades de cabildeo y tratando de impedir que las versiones más baratas del medicamento llegaran a cientos de miles de pacientes con cáncer en los últimos años. Esto ocurre mientras los gobiernos de todo el mundo gastan cantidades cada vez mayores en Keytruda ejerciendo presión sobre los presupuestos gubernamentales, incluso en los países ricos.

El cáncer es una amenaza creciente para la salud pública, responsable de casi una de cada seis muertes en el mundo. Las proyecciones indican que las tasas de cáncer aumentarán especialmente en los países de bajos ingresos, donde Keytruda sigue siendo en gran medida inasequible. Se prevé que el número de muertes aumente en un 75 %, hasta alcanzar los 18,6 millones en 2050.

Vivir con un diagnóstico de cáncer o superarlo conlleva costos profundos: físicos, emocionales y financieros. Algunos pacientes están tan desesperados por conseguir Keytruda que recurren al mercado negro para obtener el medicamento por menos dinero, aunque no saben si se trata o no de una versión falsificada. Otros pacientes que buscan Keytruda se enfrentan a angustiosos obstáculos burocráticos y terminan demandando a sus gobiernos para obtenerlo; no todos sobreviven lo suficiente como para conocer el fallo del tribunal.

Los reportajes ICIJ y su red de aliados, 124 periodistas en 36 países, dibujan un panorama de profunda y peligrosa desigualdad.

En Brasil, el séptimo país más poblado del mundo, la mayoría de los pacientes con cáncer no pueden permitirse Keytruda y miles recurren a los tribunales para obtenerlo. En Sudáfrica, donde la gran mayoría de los ciudadanos no cuentan con atención médica privada, una sola dosis de Keytruda cuesta 4900 dólares, aproximadamente 10 veces más que salario medio mensual de una familia.

En Guatemala, un médico que se enfrentaba a un acceso limitado tuvo que elegir a dos de entre sus muchos pacientes para que recibieran el medicamento.  “¿Qué me queda por hacer? ¿Jugar a ser Dios?”, dijo Julio Ramírez, jefe de la unidad de oncología del hospital público regional de Quetzaltenango, la segunda ciudad más grande de Guatemala. “Al primer paciente que llegue, a ese le voy a dar el tratamiento porque es lo único que puedo hacer”.

La Medicina del Millón se sustenta en cientos de entrevistas con oncólogos, pacientes con cáncer y sus familias, expertos en patentes, reguladores, personas con información privilegiada de la industria farmacéutica y otros, así como en datos exclusivos sobre precios y análisis de patentes, y miles de páginas de presentaciones de empresas, documentos de juntas de patentes, demandas y registros corporativos y regulatorios.

La investigación explora cómo Merck, conocida como MSD fuera de Estados Unidos y Canadá, empleó tácticas agresivas, aunque legales, para aumentar sus ingresos por Keytruda y convertir el medicamento en uno de los más vendidos de la historia — a costa de miles de pacientes.

Un análisis del ICIJ muestra que Merck ha generado alrededor de 163.000 millones de dólares en ventas de Keytruda desde 2014 y con ello 3 millones de persona pudieron beneficiarse de la droga. La empresa destinó casi 75 000 millones de dólares a dividendos para los accionistas y 43 000 millones a la recompra de acciones al tiempo que reducía sus impuestos en Estados Unidos, pues registró beneficios en jurisdicciones con ventajas fiscales.

El presidente de Merck, Davis se negó a hacer comentarios, pero la vicepresidenta sénior de Merck, Johanna Herrmann, defendió las prácticas de fijación de precios de la empresa, afirmando que el precio de Keytruda “refleja su valor para los pacientes y los sistemas de salud”. La conducta de Merck es típica de la industria farmacéutica, pero el increíble crecimiento y el interés en Keytruda podrían estar llevándola a traspasar las barreras aceptables.

Comienzos milagrosos 

Cuando salió al mercado, Keytruda revolucionó el tratamiento del cáncer. Dentro de una clase de medicamentos de inmunoterapia llamados inhibidores de puntos de control inmunológicos, Keytruda cambió el enfoque de atacar directamente los tumores a potenciar el sistema inmunológico para que los combatiera.

Ahora aprobado en Estados Unidos para tratar 19 tipos de cáncer, incluyendo el de piel, pulmón, mama y colon, se ha convertido en un salvavidas para millones de personas, transformando formas de cáncer avanzado que antes eran terminales en enfermedades manejables y aumentando las tasas de supervivencia de otras personas con cánceres difíciles de tratar —a veces durante meses, a veces durante años.

“Después de todos estos años, no he dejado de venir aquí a dar gracias, por mi vida, por estar viva”, dijo Carolina García Corsini a un reportero del ICIJ mientras se encontraba en un santuario católico en Madrid. García, ex periodista y madre de tres hijos, tenía 37 años y estaba embarazada de cuatro meses cuando le diagnosticaron un melanoma metastásico en febrero de 2011. Los tumores se habían extendido a su seno izquierdo.  Tras conseguir una codiciada plaza en el primer ensayo clínico de Keytruda, comenzó a viajar a París cada pocas semanas para recibir tratamiento. Catorce años después, y en remisión, dijo: “Estoy convencida de que es un milagro”.

Merck ocupa ahora el puesto n.º 65 en la lista Fortune 500, y su negocio de Keytruda tiene mayores ingresos que McDonald’s o que toda la Liga Nacional de Fútbol Americano.

Davis, el CEO de Merck, promueve los pilares clave de la agenda de la industria: que la protección de las patentes y los precios elevados ayudan a las empresas farmacéuticas a recuperar los miles de millones gastados en desarrollar nuevos medicamentos y hacerlos llegar a los pacientes de forma segura a gran escala.

El proceso suele llevar una década o más, y una patente estadounidense, que generalmente tiene una vigencia de 20 años a partir de la fecha de solicitud, permite a las empresas disfrutar de una posición dominante en el mercado, cobrar precios más altos, recuperar los costos de investigación y desarrollo y obtener ganancias para financiar investigaciones futuras.

De 2011 a 2023, dijo Davis en su testimonio ante el Congreso en 2024, Merck invirtió 46.000 millones de dólares en la investigación, el desarrollo y la fabricación de Keytruda. Citó más de 2200 ensayos clínicos —realizados por Merck y otros investigadores — para estudiar Keytruda, y la empresa planea invertir otros 18.000 millones de dólares en estudios clínicos de Keytruda hasta la década de 2030.

Sin embargo, un nuevo análisis realizado por Public Eye, una organización sin fines de lucro con sede en Suiza que aboga por la rendición de cuentas de las empresas, calcula que los costos de inversión y desarrollo (I+D) de Keytruda ascienden a 1.900 millones de dólares, lo que representa el 1 % de los ingresos globales del medicamento desde su lanzamiento en 2014. Si los ensayos clínicos fallidos formaran parte de los costos de I+D, Public Eye proyecta que esos costos ascenderían a 4.800 millones de dólares —el 3 % de los ingresos del medicamento desde el lanzamiento de Keytruda. Patrick Durisch, especialista en el sector farmacéutico de Public Eye, afirmó que basó sus cifras en una revisión de los ensayos clínicos de Keytruda y sus costos promedio, que constituyen la mayor parte de los gastos de I+D.

Las cifras de Merck son “absolutamente imposibles de verificar”, declaró Durisch al ICIJ. “Ellos podría lanzar cualquier cifra que quisieran, tan alta como fuera posible para justificar el precio exorbitante”. ”La proporción de los costos de I+D en relación con el precio de un vial es muy pequeña y hace tiempo que se han recuperado”, añadió. “Por lo tanto, el precio es excesivamente alto, no para cubrir los costos de I+D o cubrir riesgos, sino para obtener el máximo de ganancias”.

El “salvaje oeste” en el desarrollo de medicamentos

La campaña de promoción de Keytruda se encontraba en su segundo año cuando un acontecimiento extraordinario dio lugar a una bonanza de relaciones públicas: en 2015, los médicos de Jimmy Carter utilizaron Keytruda con éxito para tratar el cáncer de piel letal del expresidente de Estados Unidos que se había extendido a su hígado y cerebro cuando tenía 91 años. Los pacientes clamaban por “el medicamento del presidente”. Y Carter vivió hasta los 100 años.

Las ventas de Keytruda se dispararon en el mundo. De 2020 a 2024, según datos de ventas exclusivos compartidos con ICIJ por el Instituto IQVIA para la Ciencia de Datos Humanos, hubo un aumento del 232 % en Francia, hasta alcanzar los 2.800 millones de dólares; del 265 % en Brasil, hasta los 753,7 millones de dólares; un 491 % en México, hasta los 137,3 millones de dólares; y un 584 % en Turquía, hasta casi 100 millones de dólares.

El nuevo panorama planteó nuevas preguntas para los oncólogos y las aseguradoras: ¿Qué tratamientos funcionan para qué pacientes? ¿Cuáles son las dosis adecuadas, la frecuencia y la duración del tratamiento? ¿Y cómo deben evaluar el valor de todos los nuevos tratamientos?

El rápido crecimiento de los ingresos de Keytruda se debió más al aumento del número de pacientes tratados y de recetas dispensadas que a un incremento de los precios, según un análisis realizado por ICIJ. El gasto farmacéutico, impulsado por medicamentos como Keytruda, alcanzó máximos históricos desde la década de 2020. Merck afirma que fija los precios de sus productos de forma diferente en los distintos mercados, y a veces incluso dentro de un mismo mercado, para garantizar que lleguen al mayor número posible de pacientes.

Pero a medida que se intensificaba la crisis mundial por el aumento vertiginoso de los precios de los medicamentos, las dificultades para acceder a esta medicación ya habían sido muchas. Desde que Keytruda salió al mercado en 2014, ICIJ encontró 632 casos en los que pacientes de 51 países recurrieron a la plataforma virtual GoFundMe  y otros sitios de financiación colectiva para recaudar dinero para los tratamientos con Keytruda.

Las disparidades extremas de precios se deben a rebajas y descuentos secretos que se aplican a los precios de catálogo en diferentes países, así como a las diferentes formas en que los sistemas de salud fijan los costos de los medicamentos. No hay un límite de precios para la mayoría de los medicamentos recetados en Estados Unidos, por ejemplo, donde los fabricantes fijan los precios por su cuenta. En muchos otros países, los gobiernos negocian con los laboratorios ese valor.

Una característica común de los sistemas de fijación de precios de los medicamentos en todo el mundo es que se nutren del secretismo. Al menos media docena de autoridades de distintos países se negaron a revelar a los periodistas detalles del gasto público en Keytruda o la cantidad de pacientes que recibían el medicamento. Dieron diversas explicaciones; por ejemplo, que ellos o Merck habían considerado la información como un “secreto comercial”.

A pesar del extremo secretismo, ICIJ obtuvo y comparó los precios de catálogo de Keytruda y los precios máximos de venta del medicamento en 31 países. Se encontraron grandes diferencias en cuanto a la accesibilidad, siendo Keytruda comparativamente menos asequible en los países más pobres. En Sudáfrica, por ejemplo, el precio de Keytruda es de unos 3800 dólares por una dosis de 200 mg, un tercio del precio de Estados Unidos. Aun así, Keytruda es mucho menos asequible en Sudáfrica, donde una persona con ingresos medios no puede permitirse ni siquiera una dosis al año, mientras que en Estados Unidos un paciente con ingresos medios puede permitirse menos de cinco dosis .

En México y varios otros países latinoamericanos, los precios de Keytruda tienden a ser más altos —cuando se ajustan a los niveles económicos— que en los países más ricos, según muestra la investigación de ICIJ.

En Guatemala, Alberto Xum pensaba, al igual que muchos pacientes con cáncer en América Latina, que tendría que renunciar por completo al tratamiento. Un suministro de dosis de Keytruda para un año cuesta 180.000 dólares o más en el país centroamericano. Xum es un artesano que vende recuerdos de cuero de 65 años, sin seguro médico en una región donde el ingreso mensual promedio de los hogares ronda los 700 dólares. Diagnosticado con cáncer de riñón metastásico en 2022, Xum le dijo a su oncólogo, Julio Ramírez, que estaba dispuesto a renunciar al tratamiento después de que le recetaran pastillas que costaban 1.900 dólares cada tres meses.  Xum solo pudo pagar una vez.

“Le dije al doctor que no podía pagarlo”, dijo. “Estaba poniendo mi vida en manos de Dios”.

Sin embargo, para gran suerte de Xum, Ramírez estaba a punto de recibir la autorización del Ministerio de Salud para uno de los primeros tratamientos con Keytruda en su hospital. Xum fue el elegido. Durante los siguientes dos años, cada tres semanas, Xum viajaba en autobús desde su pueblo rural, Samayac, hasta el hospital público de Quetzaltenango para recibir la infusión de 11.000 dólares pagada por el Estado.

“A veces me pregunto: “¿Quién soy yo para merecer toda esta suerte?”, dijo Xum al ICIJ. Sus tumores se han reducido, pero no tiene el alta médica.

Para Nasr Nesanir, presidente de la rama de salud pública de la Asociación Médica Turca, estas disparidades se enmarcan en cuestiones más amplias que van más allá de la atención médica. “¿Debería considerarse la innovación médica como un beneficio común de la humanidad?”, preguntó Nesanir en una entrevista con DW Türkçe.  “¿O debería seguir siendo un activo comercial protegido por patentes que agrava la desigualdad global?”.

Dicho de otro modo: ¿el sistema está diseñado para salvar vidas ante todo o para generar ganancias, y quiénes quedan excluidos debido a esa elección? Las respuestas no se refieren únicamente a la atención médica, sino que abordan debates más amplios sobre si los descubrimientos que salvan vidas nos pertenecen a todos.

“Qué devastador es para ellos”

Aunque Merck recomienda la aplicación de 200 mg de Keytruda cada tres semanas, los médicos de los hospitales indios están probando inmunoterapias de dosis bajas. En un ensayo clínico, las pacientes con cáncer de mama recibieron tres dosis de Keytruda de 50 mg cada seis semanas junto con quimioterapia. En otros estudios, las pacientes recibieron dosis bajas o dosis basadas en el peso: 2 mg por kilogramo de peso corporal cada tres semanas o 1 mg por kilo cada seis semanas.

Hasta ahora, los resultados de los ensayos indican que las dosis más bajas son tan eficaces como la dosis estándar más alta recomendada por Merck. Los hospitales de Singapur, Malasia y Taiwán han llegado a una conclusión similar, y varios países —entre ellos los Países Bajos, Canadá e Israel — han comenzado a cambiar a la dosificación basada en el peso.

El ahorro puede ser enorme. Tras años de estudiar los costos y beneficios de los medicamentos contra el cáncer, el oncólogo Daniel Goldstein llegó a esa conclusión en 2017: la dosificación fija de Keytruda le cuesta al sistema de salud de Estados Unidos 825 millones de dólares adicionales al año.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calculó en una proyección modelada independiente que el mundo podría ahorrar 5000 millones de dólares si los pacientes con cáncer de pulmón recibieran Keytruda en función de su peso en lugar de dosis fijas. Y el método de dosificación basado en el peso supondría un mayor ahorro para todos los pacientes con cáncer elegibles.

Merck afirmó que basa sus fórmulas de dosificación en la evidencia clínica detallada en la sección de dosis recomendadas aprobadas por la FDA de la información de prescripción de Keytruda. Pero la cruzada de Goldstein cobró impulso y traspasó fronteras. Bishal Gyawali, un oncólogo e investigador de políticas de medicamentos en Canadá, explicó al Toronto Star una razón clave por la que Merck probablemente administra la misma dosis a todos: el dinero. “Pueden vender más del medicamento”, dijo, y “ganarán más dinero. … No hay ninguna razón científica, médica o biológica para hacerlo. Es solo por motivos comerciales”.

“Una mina terrestre en potencia”

Con la esperanza de proteger y cuidar a su gallina de los huevos de oro, Merck se enfocó en la mejor manera que conocía para mantener precios altos: el sistema mundial de patentes. Las patentes principales de Keytruda estaban programadas para vencer en 2028, y a los accionistas les preocupaba cómo Merck generaría ingresos después de que Keytruda perdiera su monopolio protegido.

Esa pérdida de exclusividad abriría las compuertas a otros laboratorios que ofrecerían precios considerablemente más bajos, con Keytruda enfrentando una caída catastrófica de ingresos: un precipicio de patentes de 35.000 millones de dólares.

Para evitar que eso sucediera, Merck desplegó su ejército de abogados. Tahir Amin, fundador de la Iniciativa para los Medicamentos, el Acceso y el Conocimiento (I-MAK), un grupo sin fines de lucro que examina las desigualdades en el desarrollo de las medicinas, calificó la estrategia de Merck como un “esquema de abuso de patentes en múltiples frentes” para prolongar su monopolio y mantener precios elevados.

Merck afirma que I-MAK y “organizaciones similares” propagan el mito de que las empresas farmacéuticas “se aprovechan del sistema de patentes” al presentar múltiples patentes superpuestas para retrasar indebidamente la entrada de medicamentos genéricos o biosimilares. La empresa también afirmó que el informe de I-MAK contiene graves errores en la catalogación y descripción de las prácticas de patentes de Merck, acusación que I-MAK niega.

Cuando ICIJ analizó el panorama de las patentes de Keytruda, encontró 1.212 solicitudes de patente relacionadas con el medicamento. Estas abarcan 53 países, incluyendo 194 solicitudes en Estados Unidos, 123 en Japón, 87 en Australia y 80 en China, entre muchos otros. Este muro de patentes ha permitido a Merck utilizar estrategias comunes en la industria para mantener el precio alto mediante patentes adicionales más allá de 2028.

ICIJ encontró 211 patentes concedidas que ayudan a proteger el dominio de Keytruda al menos hasta 2042, lo que supondrá 14 años después de que expiren las patentes originales de Estados Unidos. También se identificaron al menos otras 337 patentes “pendientes” que, de concederse, podrían prolongar aún más el reinado del medicamento. El 84 % de todas estas solicitudes de patente se presentaron después de la aprobación de Keytruda en 2014.

Pero Merck afirma que sus patentes posteriores a 2014 son descubrimientos genuinamente nuevos. “Seguimos evaluando Keytruda con la esperanza de ampliar su uso a otros tipos de cáncer y aumentar el acceso al tratamiento”, dijo Herrmann en su carta. “Esto incluye innovaciones en torno a la formulación, la dosificación y usos novedosos, incluyendo combinaciones con otros agentes. Como es de esperar, cuando es apropiado, Merck protege su innovación mediante la presentación de solicitudes de patente”.

La compañía diseñó otra estrategia comúnmente utilizada por los fabricantes de medicamentos. Presentó nuevas patentes para un “cambio de producto”: hacer que los consumidores se pasen a una versión similar y más nueva del mismo medicamento que reinicia el reloj de la patente para obtener más años de exclusividad. Merck espera trasladar hasta el 40 % de sus clientes a una inyección de Keytruda administrada bajo la piel en lugar de una infusión intravenosa antes de que los rivales de menor costo entren al mercado. El cambio de producto podría ayudar a Merck a generar miles de millones de dólares y retrasar la competencia hasta 2030, según tres expertos del sector.

Por su parte, Merck adoptó una nueva táctica de precios en América Latina en 2024, cuando una empresa argentina intentó revolucionar el mercado con una versión local y más barata de Keytruda llamada PembroX. Merck no tenía ninguna patente vigente en Argentina, donde hay una turbulencia económica crónica y un entorno hostil para las empresas farmacéuticas extranjeras. La empresa de Nueva Jersey operaba sola en el mercado, subiendo constantemente los precios, según declaró Gustavo Pelizzari, director ejecutivo de la empresa farmacéutica rival Elea. PembroX salió a la venta en enero de 2025; el día antes del lanzamiento, Merck bajó repentinamente el precio de Keytruda en un 50 %, apenas un poco más alto que el precio del competidor, dijo Pelizzari. Y el precio de Keytruda siguió bajando.

La competencia ha dado lugar a un mayor acceso y asequibilidad, dijo Pelizzari, y ahora se está tratando a miles de pacientes más. Eso lo llevó a considerar el precio de Keytruda y su impacto financiero en Estados Unidos. “Estoy convencido de que lo están vendiendo mucho más barato en Argentina que en Estados Unidos”, dijo Pelizzari. “Deben estar causando un daño significativo al gobierno estadounidense. Quiero decir, ellos, Merck”, dijo, “deberían verse obligados a vender al precio argentino. Por eso no hacen públicos los precios”.

Promesas y recetas

En febrero, Trump aprovechó su discurso sobre el Estado de la Unión para dar una charla motivadora en la que mencionó la situación del acceso a medicamentos. “Elegí los medicamentos que requieren prescripción médica, desde los que tienen el mayor precio en todo el mundo hasta los que tienen el más bajo” dijo Trump. “El resultado es diferencias de precios de 300, 400, 500, 600% y más”. Su gobierno no ha sustentado con evidencia estos datos. Y Keytruda no fue mencionado.

En Guatemala, el contraste con las grandes promesas de Trump sobre una atención médica asequible parecía estar a un mundo de distancia. Al amanecer de un frío viernes de febrero, Julio Ramírez, el oncólogo que trató a Alberto Xum, atravesó la pequeña sala de espera de la unidad de oncología de su hospital público, saludando a todos a su paso hacia su consultorio, donde atiende a unos 40 pacientes a la semana.

Ramírez le mostró a un reportero de ICIJ unas listas escritas a mano con los medicamentos que necesita para sus pacientes. Sabía que probablemente no podría conseguir todos debido a las restricciones presupuestarias.

“Mira, no me estoy quejando”, dijo. “Tengo la oportunidad de administrar [Keytruda] al menos a dos o tres pacientes aquí en el hospital”, lo que supone un aumento respecto a lo que había podido ofrecer anteriormente. “Mi sueño sería poder darles a todos mis pacientes las recetas que necesitan sin tener que jugar a ‘pito, pito, gorgorito’ para decidir quién lo recibe y quién no”, dijo.

Era hora de que el médico comenzara a atender a los pacientes del día. Un hombre bajito, de mediana edad, con tapabocas y gorro de esquí, se acercó en silencio al consultorio, sosteniendo con fuerza los resultados de sus últimos exámenes. Ramírez le dio la mano y luego se puso manos a la obra con lo que podía —y no podía— hacer por él.

Colaboradores: Echo Hui (Australian Broadcasting Corporation); Andrés Bermúdez Liévano, Iván Ruiz (CLIP); Hala Nasreddine (DARAJ); Lars Bové (De Tijd); Zsuzsanna Wirth, Zita Szopko (direkt36); Pelin Unker (DW Türkçe); Sergio Silva Numa (El Espectador); Carlos Carabaña (El País); Gaby de Groot, Thieu Vaessen (Het Financieele Dagblad); Mariel Fitz Patrick (Infobae); Jiyoon Kim (KCIJ-Newstapa); Kristof Clerix (Knack); Gloria Riva (L’Espresso); Francisca Skoknic (LaBot); Hugo Alconada Mon (La Nación); Natasha Cambronero (La Nación); Anne-Sophie Leurquin (Le Soir); Yiswaree Palansamy (Malaysiakini); Maria Christoph, Sophia Stahl (Paper Trail Media); Jody García (Plaza Pública); Guilherme Waltenberg (Poder360); Stefan Melichar (profil); Despina Papageorgiou (Reporters United); Violeta Santiago (Quinto Elemento); Fabiola Torres (Salud con Lupa); Fiona Walker, Andjela Milivojevic (The Bureau of Investigative Journalism); Amy Dempsey, Jesse McLean, Megan Ogilvie (Toronto Star); Jacob Borg (Times of Malta); Dirk Waterval, Martijn Roessingh (Trouw); Kirsi Karppinen, Minna Knus-Galan (Yle); Brenda Medina, Denise Ajiri, Agustín Armendariz, Jelena Cosic, Isabella Cota, Jesús Escudero, Miguel Fiandor Gutiérrez, Micah Reddy, Joanna Robin, David Rowell, Richard H.P. Sia, Dean Starkman, Fergus Shiel, Annys Shin, Angie Wu (ICIJ).

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“La medicina del millón” es una investigación liderada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) con la participación de 124 periodistas de 48 redacciones del mundo, entre ellos el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP). Este proyecto investigó durante un año cómo el laboratorio Merck, a través de distintas estrategias, mantuvo un alto precio del Keytruda, un medicamento para combatir el cáncer, lo que lo hizo inaccesible para miles de pacientes alrededor del mundo. 

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